El año electoral arranca con la herencia que dejó el pandémico 2020 y con una promesa de explosión de la obra pública. Sin embargo, hay varios escollos sanitarios y económicos que la Argentina deberá superar antes de llegar a las urnas, en octubre próximo. La reactivación o el rebote de la actividad económica estará signada por la evolución de la pandemia y el efecto social del plan de vacunación masiva del coronavirus. Gran parte del consumo dependerá del retorno a la normalidad de la actividad comercial y de la recuperación de la demanda a indicadores de prepandemia. Todo esto estará sujeto, además, a la puja de la inflación y los salarios, sin dejar de mirar la evolución del dólar. Aquí cinco claves de lo que sería el desenvolvimiento económico de este año que se inicia.

TIPO DE CAMBIO

La menor presión cambiaria en las últimas semanas de diciembre tuvo su correlato en las menores intervenciones del Banco Central en el mercado de cambios. Sin embargo, en tanto se mantenga la brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos la posibilidad de acumular reservas seguirá condicionada, advierte el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (Ocepp). Según su reporte, se atribuye la mejora a una serie de cambios en la política monetaria y a un contexto externo muy favorable. "Si bien se espera que estas condiciones se mantengan, una reversión en ellas podría afectar negativamente la relativa pax cambiaria. De mantenerse los precios favorables del sector agrícola, el saldo comercial podría no verse tan afectado por el efecto de la recuperación económica en las importaciones", considera. Sin embargo, el punto de partida es la delgada línea entre el importante superávit previsto para este año, y el saldo casi equilibrado registrado en los últimos meses en el balance cambiario. La necesidad de contar con Reservas Internacionales suficientes para evitar que la volatilidad cambiaria afecte el crecimiento, en tanto la posibilidad de acceder a los mercados de financiamiento externo no es una alternativa en el corto plazo, requiere, a riesgos de sonar repetitivos, controlar la brecha cambiaria y la demanda de divisas de residentes y aprovechar “la holgura” externa de la indeseada caída de la actividad. De todas maneras, los agrodólares serán uno de los pilares de la recuperación esperada por el Gobierno. De mantenerse las cotizaciones internacionales y los volúmenes de producción del año que acaba de terminar, el flujo de divisas para este 2021 se proyecta en U$S 31.100 millones, casi U$S 4.600 millones más que en 2020. En su último informe de 2020, el Banco Central estableció que una de sus prioridades será generar confianza en la moneda nacional, es decir el peso argentino. Además, estableció que en el año que se inicia buscará  "propender al fortalecimiento de las reservas internacionales preservando el nivel actual de competitividad externa, bajo un esquema de flotación administrada del tipo de cambio".

INFLACIÓN VS SALARIOS

El Índice de Precios al Consumidor no es una cuestión que surgió en 2020, sino un síntoma del problema crónico de la Argentina: el déficit fiscal. En este contexto, dice el analista de la Fundación Federalismo y Libertad, Nahuel Ríos, la emisión monetaria fue adoptada como regla durante la pandemia para financiar los gastos del Estado, ya que el acceso al crédito en el mercado voluntario le está vedado. Cabe considerar que cada peso que se inyecta en la economía demora casi seis meses o más para impactar en precios. Como consecuencia, se debería esperar durante este 2021 para ver la evolución de esos precios, aunque ya se presentó una aceleración inflacionaria desde octubre pasado. El año que pasó cerró con una inflación acumulada en Tucumán del 30,9% y una interanual del 35,8%, según Ríos. Si bien desde el Ministerio de Trabajo de la Nación consideran que, durante los últimos meses, el salario le empató a la inflación, la puja seguirá latente, ya que varios sectores de la economía hicieron un impasse en las demandas ante la caída sostenida del empleo, producto de la pandemia. En marzo, según anticiparon, se abrirán las negociaciones y la intención es que las remuneraciones se recuperen y que realmente estén acordes a la evolución inflacionaria. En los primeros meses de 2021, la recuperación del salario real será esquiva y la inflación no cederá. Además, la posible llegada de una segunda ola de contagios de Covid-19 antes de la vacunación a gran escala, pondría en riesgo la incipiente mejora de la actividad.

LAS TARIFAS

La extensión del congelamiento a marzo continuará presionando sobre los precios relativos y las cuentas públicas. Pensando en lo que pueda ocurrir una vez finalizado ese congelamiento, aparecen dos alternativas con significativas implicancias en la inflación y en el sendero fiscal. Una es sostener el congelamiento tarifario durante todo 2021 y la otra es dar lugar a una recomposición -relativa- de estos precios, indica Ecolatina. Para analizar el primer caso, la consultora proyecta la situación a diciembre del año que viene: en este momento la inflación y los salarios acumularán un alza superior a 150% desde el último ajuste de tarifas. En este escenario,  el atraso de las tarifas en relación con los servicios privados y los bienes no estaría muy lejos del nivel de fines de 2015, sostiene. La principal consecuencia será el crecimiento de los subsidios económicos, que superarían 3% del PBI. Por otro lado, la inflación que se evitaría posponiendo la corrección tarifaria podría ser neutralizada si el gasto extra que se usa para sostener los precios “pisados” se financiara con emisión y el exceso de pesos se fuera al dólar, forzando una devaluación. La segunda alternativa, de acuerdo con la visión de Ecolatina, implica el aumento en alguna magnitud de las tarifas en el segundo trimestre del año, ya no muy lejos de las elecciones legislativas. La dificultad radica en encontrar un monto que no agregue presiones adicionales sobre la inflación, pero que frene el avance de los subsidios económicos. "El aumento debería ubicarse en torno al 40% para estabilizar el gasto en subsidios en relación al PBI, una magnitud nada despreciable -al momento del aumento, pesa más la suba que el tiempo de congelamiento-", sostiene la consultora. La dinámica inflacionaria y la velocidad de recuperación de la actividad determinarán el espacio que tendrán los ingresos laborales para solventar la suba de las tarifas y la capacidad que tenga el gobierno de focalizar los aumentos manteniendo la tarifa social para los sectores más postergados.

LA OBRA PÚBLICA Y LAS ECONOMÍAS REGIONALES

De cara al año electoral, la principal apuesta al crecimiento del gobierno nacioanl, además de la apertura de distintas ramas de actividad económica, parece ser la obra pública. En términos reales, dice el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas, la inversión real directa crecería un 48% con relación a 2020 y un 82% en relación a 2019. Asimismo, las transferencias de capital a las provincias aumentarían 35% contra 2020 y 199% contra 2019. El serrucho de los años 2011 a 2017 quedó atrás y ahora la evolución del PBI adoptó una forma de pipa, con una caída abrupta y una recuperación que se prevé paulatina, según el observatorio. Sin embargo, existen dos factores inciertos. Por un lado, la evolución de la pandemia cuyo impacto sobre la economía dependerá de la evolución de la vacunación a nivel global y local. Por el otro, el frente externo. El esperado repunte de la economía en este 2021, según el Ieral de la Fundación Mediterránea, debería contribuir a un incremento de la recaudación impositiva y, por ende, de las transferencias de fondos nacionales a las provincias. Las regiones NEA y NOA, de acuerdo con ese análisis, son las más dependientes de recursos coparticipados y podrían beneficiarse, pero de un modo limitado por los problemas del gobierno nacional en materia de déficit fiscal y financiamiento. Según el Ieral, hay condiciones para un 2021 de mayor actividad, esperando mejores condiciones sanitarias y un mundo en recuperación. En ese contexto, estaría más favorecida Buenos Aires (mayor movilidad de personas, flujo de fondos fiscales nacionales por motivos electorales), el resto de la región Pampeana (al ser más exportadora), y en parte la Patagonia (con mejores precios de petróleo).

EL EMPLEO Y LA POBREZA

Tanto la situación nacional como provincial trae consigo un problema de crecimiento. No se presenta un aumento de producto sostenido desde 2011, que en otras palabras significa que no se han creado nuevos puestos de trabajo. "Se presentó una retracción de la actividad con la cuarentena y por consiguiente las perspectivas no muestran que el panorama del desempleo, el empleo, la inflación y la pobreza vayan a mejorar en el corto o siquiera el largo plazo", estima Nahuel Ríos, de la Fundación Federalismo y Libertad. Según su análisis, en 2020, los índices de empleo se vieron afectados por el cierre de pequeñas y grandes empresas, comercios o industrias. Los efectos de la cuarentena no dan muchas posibilidades a las empresas o PyME, incapaces de mantener flujos de fondos necesarios a pesar de mantener su stock o nivel de servicio. Muchas empresas a lo largo del mundo y principalmente en Argentina dejaron de operar, sostiene Ríos. "Para revertir la situación actual -apunta el consultor-, se requiere la creación de nuevos puestos de trabajos en blanco, que se facilite la burocracia para la creación de nuevo empleos acompañados de una reducción de impuestos y regulaciones para fomentar la inversión. "El gobierno provincial debe establecer sus prioridades y reducir el gasto en el resto de sus actividades para de alguna manera alivianar la carga tributaria y fomentar el crecimiento. Considerando que 2021 presenta elecciones, una baja en el gasto es improbable, como ya lo demuestra el presupuesto. Lamentablemente, con este panorama las perspectivas sobre el crecimiento, la pobreza o la inflación no son buenas en vista al año entrante", finaliza.